Sol y Piel

La piel, es el mayor órgano de nuestro cuerpo, ocupando una superficie de 2 m2, variando su grosor según la zona, con un peso total de 5 kg. Su función es la de actuar como barrera protectora de nuestro organismo frente a las agresiones externas, a la vez que nos relaciona con el exterior permitiendo la absorción de ciertas sustancias y la eliminación de productos de deshecho, así como recibiendo información a través del tacto.


Los rayos solares, son un conjunto de radiaciones que abarcan en el espectro visible desde longitudes de onda que van desde el rojo al violeta, situándose por encima los rayos ultravioletas y por debajo los infrarrojos, que también ejercen un efecto sobre la salud y la enfermedad.

La luz solar, afecta sobre todo a nuestro sistema nervioso, endocrino e inmune. Entre los efectos conocidos de la luz solar, podemos destacar que produce un aumento de la irrigación sanguínea por vasodilatación, aumento de la pigmentación, aumento del grosor de la piel, favorece la formación de vitamina D, destruye algunas bacterias, es ligeramente analgésico, ayuda a regular el sistema hormonal, estimula la formación de glóbulos rojos y tiene un efecto antidepresivo.

Todo esto explica que una mala iluminación pueda provocar cambios de humor y comportamiento, menor rendimiento, falta de concentración y atención, intensa sensación de estrés, ansiedad, irritabilidad, trastornos del sueño, cefaleas, mareos, malestar general y fatiga o cansancio injustificados. Asimismo, se considera que la falta de la luz adecuada puede agravar o ser la causa de dolencias como el síndrome premenstrual, la infertilidad o la inapetencia sexual.

Sin embargo, la radiación solar, fuente de luz y de vida, se ha convertido en los últimos años en un elemento peligroso, debido a la desaparición de ese filtro natural que es la capa de ozono y que penetre a la atmósfera más radiación de lo normal.

El sol emite diferentes radiaciones ultravioleta (UV) que impactan sobre la piel: las de tipo A y las de tipo B. Las dos pueden producir daños en la piel si se abusa de ellas. Los rayos ultravioletas A pueden penetrar hasta las capas más profundas de la piel y causan envejecimiento prematuro. Los ultravioleta B pueden dañar la capa superficial de la piel, causando quemaduras, fotoenvejecimiento y cáncer de piel. La exposición a la radiación ultravioleta natural o artificial, con daños en la piel, a corto y largo plazo, algunos de ellos irreversibles, por ello es necesario tomar una serie de precauciones a la hora de tomar el sol para evitar estos problemas, como:

  • Usar un buen protector solar que deberá aplicarse media hora antes de exponerse al sol. Ya sea en la playa o en el campo o montaña
  • No exponerse al sol durante períodos largos de tiempo, sobre todo entre las 11 de la mañana y las tres de la tarde.
  • Presta atención a superficies cercanas como la arena, el cemento y la nieve reflejan la radiación solar. El estar bajo sombrillas o carpas no garantiza protección contra los rayos solares.
  • Tener en cuenta que algunos medicamentos pueden provocar un fenómeno de fotosensibilización por lo que se deberá consultar al médico.

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