Jaquecas

Jaquecas o migrañas


Aunque se ha intentado emplear diferentes términos para los distintos tipos de dolores de cabeza, en la práctica se emplea indistintamente junto a los términos cefalea y cefalalgia, entre las que podemos distinguir las cefaleas primarias (cefalea de tensión, migraña, cefalea en racimos) que son las más frecuentes y las cefaleas secundarias causadas por ciertas enfermedades sistémicas o localizadas.

Es importante a la hora de establecer un diagnóstico que se haga un buen interrogatorio, pues nos proporcionará una valiosa información. Habrá que determinar cuándo se inició la cefalea y con qué periodicidad. Una cefalea de más de tres meses, raramente se deberá a un tumor intracraneal, mientras que las de larga evolución y recurrentes suelen corresponder a migrañas o cefaleas tensionales. Si se inicia después de los 65 años sí que podemos pensar en un tumor intracraneal, pero también en una arteritis o una enfermedad cerebrovascular. La cefalea pulsátil y hemicraneal es propia de la migraña, mientras que la que afecta a la totalidad del cráneo en forma de pesadez es más típica de la cefalea tensional.

La cefalea de tensión es la más frecuente y aparece en forma de episodios que pueden durar de 30 minutos a 7 días de intensidad leve a moderada, bilateral y se localiza en la zona occipital, frontal o en la nuca. Puede aparecer en situaciones de estrés emocional o preocupaciones. Al cabo de un tiempo, puede dejar de ser episódico y hacerse más o menos crónico.

La migraña, aunque algo menos frecuente que la cefalea de tensión, sin embargo, origina más consultas, ya que provoca más molestias. Se calcula que el 10-15% de la población sufre migrañas y en el 70-80% de los enfermos existen antecedentes familiares, lo que apoya la existencia de una base genética ligada al cromosoma 9. Predomina en el sexo femenino y se inicia en la niñez o adolescencia. Los episodios pueden aparecer con una frecuencia variable de uno cada ciertos meses a uno varias veces al mes y puede llegar a durar varios días. Algunas personas pueden percibir síntomas de advertencia de que van a sufrir una migraña, que se denominan aura, relacionados casi siempre con el sentido de la vista, tales como visión borrosa o excesivamente luminosa, pérdida del campo visual, pero también otros síntomas no visuales como parestesias u hormigueos en la cara o cualquier otra parte del cuerpo, pérdida de la habilidad lingüística o distorsión olfativa. Estos síntomas permiten que podamos diferenciar entre las migrañas con o sin aura. Tras desaparecer este prodromos, aparece el dolor de cabeza típico, intenso, pulsátil, que suele afectar a la mitad de la cabeza y que va aumentando de intensidad, lo que obliga al enfermo a guardar reposo ya que se produce una intolerancia a la luz y a los ruidos. Si quien la padece consigue dormir, la migraña que puede durar horas o días, suele ceder. También es frecuente que aparezcan síntomas vegetativos como palidez, sensación de malestar general, destemplanza, y síntomas digestivos como náuseas, vómitos, pérdida de apetito, etc.

Son numerosos los factores desencadenantes de estos procesos, entre los que se encuentran la estimulación lumínica de la retina, sobre todo si es de tipo destellante,  el estrés físico y/o emocional, los cambios de presión atmosférica, alcohol, tabaco, ciertos alimentos como el chocolate, las carnes poco hechas o el vino, alergias e intolerancias alimenticias, ciertos olores, destellos luminosos, cambios hormonales, ayuno, ruidos fuertes,  medicamentos como algunos vasodilatadores, hormonas, etc. El conocimiento de estos factores desencadenantes que se pueden considerar de riesgo, nos permite establecer medidas profilácticas si los eliminamos.

Un tercer tipo de cefalea es la cefalea en racimos, a la que también se conoce con otros nombres como cefalea histamínica, cefalea de Horton o “cluster headache”. Aquí la cefalea es recurrente, predominantemente nocturna, que dura varios días seguidos durante un periodo de 2 a 8 semanas para desaparecer después y no reaparecer hasta que no han pasado varios meses o años. La cefalea es también hemicraneal, pero se suele localizar en la zona frontotemporal y retrocular con la particularidad de que además hay aumento de la mucosidad nasal (rinorrea), sudoración, enrojecimiento y lagrimeo con la particularidad de ser unilateral. A veces también hay contracción de la pupila (miosis), caída del párpado (ptosis palpebral), náuseas y vómitos. Estos episodios son más cortos, pues raramente suelen alcanzar las 6 horas de duración y a diferencia del resto de cefaleas son más frecuentes en el hombre, pudiendo tener un ritmo estacional (más frecuente en primavera y otoño). Este tipo de cefalea responde bien a la administración de oxígeno al 100%.

Por último es importante conocer que muchas cefaleas son secundarias y debemos recordar que en el 30-40% de los casos, el primer síntoma de aparición de un tumor es un dolor de cabeza. Pero son innumerables y no tan graves otras muchas causas de cefaleas secundarias, entre las que encontramos las que aparecen tras punción lumbar, por hipertensión arterial, de origen oftálmico u oftalmológico, infecciones como la salmonelosis, ciertos fármacos vasodilatadores, intoxicaciones por monóxido de carbono, etc.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, aunque a veces es necesario apoyarse en otras técnicas diagnósticas como punción lumbar, el TAC o la resonancia magnética con el fin de  descartar otras causas de cefaleas más importantes.

En cuanto al tratamiento, los medicamentos como los analgésicos, antiinflamatorios, triptanes, etc., se muestran eficaces a corto plazo para solucionar el dolor, pero en muchos casos tampoco consiguen disminuirlo, y además no ofrecen un tratamiento etiológico, es decir su efecto es paliativo y pasajero.

Debemos hacer una buena anamnesis o interrogatorio y valorar siempre la aparición de un proceso de este tipo como consecuencia de una alergia o intolerancia alimenticia, ya que podremos realizar un tratamiento preventivo con éxito. Entre los alimentos que tienen más probabilidad de desencadenar una migraña están los alimentos procesados, ahumados, adobados, marinados o fermentados, el aditivo glutamato monosódico (E-621), al que se ha relacionado con el llamado “síndrome del restaurante chino”, lácteos, chocolate, alimentos que contienen tiramina (como el queso curado, el vino tinto o las carnes poco hechas), ciertas frutas como el aguacate, los cítricos, las fresas o el plátano, nueces, cacahuetes, el hígado de las aves, etc.

Además si se presenta una cefalea crónica a diario, en el 70% de los casos, puede deberse al consumo de ciertos medicamentos como los analgésicos o la ergotamina, medicamentos ambos que se emplean en el tratamiento de las migrañas, por lo que se debe plantear un plan de deshabituación.

Desde el punto de vista de la medicina naturista las migrañas pueden deberse a un cuadro de intoxicación interna por una falta de eliminación de residuos procedentes de nuestro metabolismo, a través del hígado sobre todo y en menor medida del riñón, así como por la acumulación de sustancias tóxicas en nuestro intestino, por lo que siempre se debe plantear un tratamiento depurativo con una dieta suave basada en vegetales y frutas y zumos e infusiones depurativas fortaleciendo nuestros órganos de eliminación con plantas medicinales que refuercen la función hepática. No debemos olvidar los lavados o enemas de limpieza intestinales que deben acompañarse de un buen aporte de prebióticos y probióticos para corregir la posible disbiosis intestinal.

El magnesio es uno de los nutrientes que se relacionan con la migraña, y de hecho su déficit provoca la aparición de un cuadro muy similar. Se ha comprobado un mayor déficit de magnesio entre los pacientes que sufren migraña y la población general, y su suplementación puede hacer desaparecer este cuadro en muchos pacientes. De hecho, algunos factores que pueden desencadenar una migraña como el embarazo, la ingestión de alcohol o el uso de diuréticos, depleccionan los niveles sanguíneos de magnesio. El mecanismo por el que actúa parece aún desconocido, aunque se postula que pudiera deberse a un bloqueo de los canales del calcio, lo que explicaría también su acción sobre la hipertensión. Los antagonistas de los canales del calcio son uno de los grupos de medicamentos más usados en la prevención de las migrañas. La dosis más efectiva parece ser la de 600 mg al día. La combinación de magnesio con vitamina B6, se ha demostrado más efectiva que el empleo de magnesio de forma aislada.

También la vitamina B2 o riboflavina ha demostrado su eficacia de forma aislada, según parece al actuar sobre la mitocondria y favorecer la liberación de energía a través del ciclo de Krebs. Este efecto se ha documentado después de 3 meses de tratamiento con 400 mg al día.

Los suplementos de calcio y vitamina D también se han demostrado útiles, especialmente en mujeres que sufren migrañas en relación con el síndrome premenstrual, aunque también se ha evidenciado este efecto en mujeres postmenopáusicas.

Las migrañas, también se han relacionado con unos niveles bajos de serotonina, por lo que se ha estudiado el papel de su precursor, el  5-hidroxitriptófano (5-HTP), habiendo demostrado eficacia tanto en el tratamiento como en la prevención de las migrañas en dosis de 400-600 mg/día. En el caso de las cefaleas tensionales no se redujeron el número de episodios pero sí la cantidad de analgésicos consumidos.

Los ácidos grasos omega-3, actúan como antiinflamatorios naturales disminuyendo la liberación de serotonina plaquetaria, modulando la síntesis de prostaglandinas y disminuyendo el vasoespasmo cerebral, por lo que también se ha ensayado su uso, aunque los estudios son contradictorios. Sin embargo la experiencia nos indica que su empleo en ciertos pacientes puede resultar beneficioso.

Dentro de la fitoterapia, destaca, el Tanacetum parthenium como remedio sintomático disminuyendo la intensidad y frecuencia de los episodios migrañosos, sin los efectos secundarios que poseen los medicamentos, aunque el efecto se empieza a percibir a partir de la sexta semana de tratamiento.

Aunque la homeopatía y la acupuntura también han demostrado eficacia con ensayos clínicos discutibles tanto a favor como en contra, existen otras técnicas menos conocidas, sobre las que se han realizado menos estudios, pero no por eso menos efectivas como el masaje, yoga, meditación, tai-chi, terapia floral, aromaterapia, reflexología, etc, que sin duda podrán colaborar a mejorar y solucionar este padecimiento tan inhabilitante.

 

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