Catarros

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¿Qué es un catarro?

El resfriado común o catarro es una enfermedad causada por la infección de un virus que va a afectar a nuestras vías respiratorias altas. Existen diversas familias de virus capaces de provocarlo. La mitad de los casos están producidos por rinovirus, menos de un 10% por coronavirus y ocasionalmente por virus de la influenza A o B, virus de la parainfluenza, virus respiratorio sincitial, adenovirus o enterovirus.

Constantemente estamos expuestos a estos virus, si bien la mayoría de nosotros solo padecemos catarro una o dos veces al año, lo que implica que, a la hora de acatarrarse, la causa principal es la disminución de las defensas. Para que se produzca la infección, estos virus, que están en suspensión en pequeñas gotitas de agua expulsadas por los enfermos especialmente durante los estornudos, han de llegar a la nariz y penetrar en las células de la mucosa. La transmisión depende por tanto del contacto cercano con una persona infectada que permita una exposición a las secreciones respiratorias. La contaminación de las manos con secreciones nasales y el contacto de las mismas con otras personas u objetos contaminados (puertas, mesas y otros) es el sistema común de transmisión de estos virus causantes del resfriado común.

Los niños en edad escolar son los principales afectados y el principal reservorio y foco de transmisión de estos virus. La frecuencia de casos en las familias oscila en función de la edad y del estado inmune de las personas expuestas al tipo de virus que se está transmitiendo.

¿Cuáles son los síntomas?

Una vez infectados los síntomas aparecerán al cabo de 1 a 3 días dependiendo del tipo de virus, espacio de tiempo que se conoce con el nombre de periodo de incubación, donde el virus aprovecha para multiplicarse y como no hay síntomas ya podemos estar infectando a los que nos rodean sin que lo sepamos.

Los síntomas pueden ser muy variados, pero fundamentalmente aparecerá malestar general, fiebre moderada, mucosidad nasal con obstrucción nasal, dolor de cabeza y muscular, malestar faríngeo y tos irritativa. Las secreciones nasales, al principio serán acuosas con estornudos, y posteriormente se irán haciendo cada vez más espesas. La gripe (producida por un mixovirus), tiene síntomas mucho más intensos y suele aparecer en forma de epidemia.

El resfriado común, en especial cuando es causado por los rinovirus, puede evolucionar con complicaciones, tanto en niños como en adultos, pues por ejemplo es un factor predisponente de la otitis media aguda, debido a que la obstrucción de la trompa de Eustaquio dificulta el drenaje del oído medio y contribuye a la aparición de una infección a dicho nivel, bien sea por el propio virus o combinado con bacterias. Además, durante el resfriado común se produce una obstrucción del drenaje de los senos paranasales que condiciona su sobreinfección bacteriana, provocando sinusitis.

También debe recordarse que las infecciones por rinovirus se han asociado con agravamientos del asma bronquial en niños y en adultos. En los niños con otras enfermedades respiratorias crónicas, como la fibrosis quística, y en adultos con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, los episodios repetidos de resfriado común ocasionan un claro deterioro del funcionalismo pulmonar, así como un mayor riesgo de infecciones bacterianas respiratorias secundarias. También, en el caso de ancianos residentes en centros geriátricos las posibilidades de presentar síntomas del tracto respiratorio inferior son mayores cuando padecen resfriado común, sobre todo si son fumadores.

¿Qué hacer para prevenir un catarro?

La prevención de la enfermedad puede realizarse evitando la posibilidad de contagio a través de las secreciones nasales y mediante un lavado cuidadoso y repetido de las manos. Las personas que se han acatarrado, deberían restringir su actividad cotidiana y permanecer en su domicilio durante los primeros días de la sintomatología, período de mayor posibilidad de transmisión de los virus respiratorios.

Mantener un sistema inmunológico sano es la mejor manera de protegerse de un número excesivo de catarros. La nutrición es uno de los factores más determinantes en este sentido, en concreto las vitaminas A y C, el beta-caroteno, el zinc y otros antioxidantes, contenidos la mayoría de ellos en frutas y verduras.

Otro factor a tener en cuenta como reductor de nuestras defensas es el estrés, tanto físico como mental. También el consumo de alcohol y tabaco, la automedicación con fármacos (tanto recetados como sin recetar), los niveles altos de glucosa, triglicéridos y colesterol en sangre, el consumo excesivo de azúcar, los factores medioambientales (exposición a productos químicos) y las alergias pueden debilitar nuestro sistema inmunológico.

A diferencia de la vacuna antigripal, que sí ha demostrado eficacia a la hora de evitar la enfermedad, en las vacunas anticatarrales, a pesar de que se siguen administrando, existen estudios epidemiológicos que demuestran que no es una vacuna efectiva, y que es absurda su aplicación a la población general. Sin embargo, admitiendo esa eficacia de la vacuna antigripal, debemos recordar que nuestro sistema inmunitario adquiere inmunidad y ésta se ve reforzada, cuando nos enfrentamos a virus, bacterias y hongos, y si se lo evitamos con una vacuna, es cierto que estaremos evitando una determinada enfermedad, pero a medio y largo plazo, nuestro sistema inmune cada vez estará más debilitado y nos irá peor, por lo que deberemos de seleccionar mucho las personas a las que se les indique y no como se hace ahora que se empiezan a recomendar de forma indiscriminada.

¿Qué hacer cuando tenemos ya un catarro?

Muchos de los síntomas catarrales son el resultado de los mecanismos de defensa de nuestro organismo. Por ejemplo, el interferón, que es un compuesto inmunoestimulante que se libera en nuestro organismo cuando hay infección, produce síntomas similares a los de la gripe, o la propia fiebre que es una forma de reacción del organismo en la que se aumentan las defensas del huésped frente a la infección.

El uso de antibióticos en infecciones víricas como el catarro y la gripe es erróneo, ya que éstos sólo son eficaces en casos de complicaciones bacterianas. Estos fármacos no ofrecen ningún beneficio para los síntomas del resfriado común, no han demostrado que prevengan la aparición de complicaciones y lo que es peor, contribuyen al desarrollo de resistencias bacterianas que están provocando una pérdida de eficacia de los antibióticos en otras situaciones cuando sí que serían necesarios.

Como medidas a tener en cuenta estarían:

  1. Sueño y reposo: Nuestro sistema inmune funciona mejor con un tono nervioso parasimpático, que es el que predomina durante el sueño profundo, por lo que debemos procurar un buen reposo aunque tampoco conviene exagerarlo.
  2. Líquidos: Beber abundantes líquidos o la utilización de un vaporizador, hace que el tracto respiratorio tenga una mejor hidratación con lo que se dificulta la propagación de la infección vírica que lo hace mejor en ambientes deshidratados. Además se mejora la función de los leucocitos. El tipo de líquido consumido es importante, ya que si estos contienen muchos azúcares (fructosa, glucosa, sacarosa, miel, zumos), se reduce de manera importante la capacidad de los leucocitos para matar bacterias.
  3. Dieta: Los azúcares, aunque provengan de fuentes naturales (zumos de fruta, miel,...), pueden perjudicar las funciones inmunológicas, ya que compiten con la vitamina C por los lugares de transporte en los leucocitos.
    1. Vitamina C: La suplementación de esta vitamina en la dieta, ha demostrado que acorta el curso del catarro común. La podemos encontrar en la soja fresca, perejil, frutas (grosella negra, kiwi, pomelo, fresa,..), verduras (coles, repollo, pimientos, berro,..) y las infusiones de rosal silvestre.
    2. Zinc: es un nutriente decisivo para que la función del sistema inmunológico sea óptima. Se encuentra sobre todo en las ostras, pan tostado, germen de trigo y cereales.
  • Vitamina A y beta-caroteno: Juega un papel fundamental en el mantenimiento de la integridad de la mucosa respiratoria. Las encontramos en el hígado de los animales, zanahoria, perejil y hojas de nabo.

Fitoterapia: Existen numerosa plantas medicinales que poseen acciones significativas directamente frente a bacterias, virus y hongos, pero son mucho más que antibióticos naturales, ya que han demostrado muchas de ellas que  además potencian y estimulan nuestro sistema inmunológico, como la hidrastis (Hydrastis canadensis), el regaliz (Glycyrrhiza glabra), el astrágalo (Astragalus membranaceus), la uña de gato (Uncaria tomentosa), el eleuterococo (Eleutherococcus senticosus), la seta reishi (Ganoderma lucidum), el ginseng (Panax ginseng), el muérdago (Viscum album) o la reputada equinácea de la que existen tres variedades, la Echinacea purpurea la Echinacea angustifolia y la Echinacea pallida.

También podemos emplear plantas medicinales de forma sintomática, con efecto antitusivo como la drosera (Drosera rotundifolia–planta entera-), que actúa directamente sobre el músculo bronquial evitando la producción del espasmo, y con ello, evitando la tos. Además de este tipo de plantas también son de gran utilidad, como plantas antitusivas, todas aquellas con mucílagos, como por ejemplo el llantén mayor (Plantago major-sumidad aérea-) y la malva(Malva sylvestris -inflorescencias y hojas-).

Como mucolítica y expectorante, se encuentra el regaliz (Glycyrrhiza glabra)del que se utiliza las raíces y rizoma y el tomillo(Thymus vulgaris), del que se emplea la sumidad aérea y las raíces.

  1. Sales de Schüssler: Es una terapia muy sencilla y efectiva que nos permite controlar los síntomas, siendo el principal remedio Ferrum phosphoricum 6 DH.
  2. Gargarismos: En caso de irritación faríngea, los gargarismos hechos con manzanilla o zarzamora, son un remedio muy adecuado para evitar que progrese la inflamación y calmar el dolor.
  3. El propóleo es uno de los mejores antisépticos que nos ha dado la Naturaleza por lo que se puede utilizar en estos casos mezclado con tisanas o infusiones.
  4. Hidroterapia: Quizás sea uno de los tratamientos por excelencia para prevenir gripes y catarros. El agua fría es maravillosa para fortalecer nuestros mecanismos de respuesta al frío. Las posibilidades de tratamiento son múltiples y van desde el simple acto de acabar una ducha con agua fría, a las fricciones con una manopla mojada en agua por todo el cuerpo al levantarse.

Louis Pasteur, uno de los padres de la microbiología dijo: “El microbio no es nada, el terreno lo es todo”. Quizá llegue un día que tanto pacientes como médicos confiemos más en nuestro organismo que en los fármacos.

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